La vía del medio

Nishida Kitarō (1870-1945), gran filósofo japonés de nuestro tiempo, alude a la ocasión en que el papa envió un mensajero para pedirle a Giotto di Bondone una muestra de su talento artístico, pero no precisamente para hablar de estética:

Según un relato, cuando el papa Benedicto XI pidió a Giotto que le mostrara una obra para que le probara su habilidad de pintor, Giotto simplemente trazó un círculo. En moral debemos alcanzar ese círculo de Giotto. (1995[1911] 195)

A una mentalidad occidental puede sonar extraño, cuando menos, hablar de destreza moral. Pero en el ámbito de las civilizaciones china e india y sus áreas de influencia esta manera de pensar no tenía nada de raro.

Seguramente, Nishida se vio influenciado en particular por una noción budista de la destreza moral. Y en el budismo esta habilidad consiste en ser capaz de acertar el camino del medio. Ni el exceso de la autosatisfacción ni el de la automortificación, ni la complacencia ni el ascetismo. Ninguno de los dos extremos trae una felicidad estable ni la tranquilidad de la mente. Más bien, traen inquietud y desasosiego constantes. La única vía a una felicidad y una tranquilidad sólidas está entre los extremos, pero es estrecha y por tanto es difícil acertar al buscarla. Por eso en la tarea de buscarla se requiere habilidad. No es sin razón que el arte del tiro con arco, el servicio del té, el arreglo floral, las llamadas “artes marciales” y otras tantas prácticas corporales se hayan desarrollado en Japón como ejercitación de la propia perfección como persona.

Para hacer un pastel correctamente hay que respetar las medidas correctas y hornear el tiempo preciso. Unos gramos más de bicarbonato de sodio y obtenemos un insoportable mazacote; unos menos y resulta una masa inconsistente. Unos grados menos, poca gracia; unos de más, carbón. Se cae de su peso que estos casos no son excepcionales. No solamente pasa en la cocina. Si observamos con cuidado, gran parte de las actividades humanas requieren ese justo equilibrio y ese preciso acierto si han de ser eficaces. El martillo no se puede desviar ni a derecha ni a izquierda: debe dar justo en el medio. Si el volante se gira muy flojamente o con demasiada fuerza, se acaba en accidente. Y así en tantísimos escenarios. ¿Debería ser diferente en lo moral y lo político?

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