Pensar la pandemia 3: incertidumbre

En una canción turca titulada “Uzun İnce Bir Yoldayım” (“Estoy en una larga y estrecha vía”) parece mostrarse la realidad de la vida humana con esa profundidad que las descripciones no alcanzan. El cantor dice que su vida es una larga y estrecha vía que parece durar un minuto, o una mansión de dos puertas, por la que camina de día y de noche, de día y de noche… En ocasiones podría uno figurarse la vida, más aún, como un túnel, largo y estrecho también, en ocasiones tan oscuro que uno no está seguro de dónde pisar. Podría haber un hoyo, podría ser que el suelo no continúe. Aun así, no es opción quedarse quieto. Hay que caminar. Eventualmente una luz aparece a lo lejos, tenue al principio, que poco a poco se hace más nítida y brillante a medida que uno avanza. En los momentos más oscuros de ese camino de la vida, lo más duro puede ser precisamente no tener pistas, no saber por dónde avanzar, ni siquiera si uno puede seguir avanzando. Incertidumbre.

www.pikist.com/free-photo-suysz

Vivimos una época convencida de ser el tiempo de la luz: luz del conocimiento, de la ciencia, de la razón. De repente llega un virus que se expande rápidamente por todo el mundo a una velocidad extraordinaria y las cosas ya no parecen tan claras. El desempleo crece, los medios advierten que la peor recesión en un siglo está por venir (o ya está aquí), los últimos reportes médicos y científicos parecen contradecir los resultados de los anteriores, todo mientras el nuevo coronavirus avanza más rápido antes que dar señales de retirarse. Las teorías conspiratorias surgen y se esparcen cual si fueran una segunda pandemia.

En momentos de crisis, es normal que las gentes duden seriamente de las autoridades políticas y científicas. Pasó en tiempos de la peste negra en Europa, sobre todo durante el convulso siglo XIV. Pero a lo mejor se puede hacer algo al respecto hoy siempre y cuando cambie un poco el imaginario de la ciencia que tiene no solo el público, sino los científicos mismos. Ambas partes ganarían un poco al dejar de concebir la ciencia como un camino infalible y seguro, por paradójico que suene.

Ya hace meses la matemática y filósofa Atocha Aliseda Llera concedió una entrevista a El País en referencia a la necesidad de enfrentar la incertidumbre en el ámbito científico. No puedo evitar la tentación de citar un pasaje extenso de sus palabras porque ella expresa el punto mejor de lo que yo podría parafrasearla:

Con la probabilidad, lo que estamos midiendo es el riesgo: conocemos cuáles son nuestras incógnitas y lo que tenemos que hacer es calcular bien. Pero en el terreno de la incertidumbre, que es en el que estamos, no sabes ni siquiera cuáles son tus escenarios posibles. Creo que eso es algo que los científicos no aceptan. He tenido discusiones con amigos matemáticos que me dicen: “Es que los modelos son así”. Yo les digo claro, pero tú tienes que ir ajustando un modelo con la realidad y solamente vas a saber si es bueno cuando le vas cuchareando, pues le mueves los números arriba, abajo, etcétera, y entonces ya puedes publicar tu artículo y explicárselo a un auditorio. Esto a mí me parece fascinante. Por un lado, como te decía, personalmente estoy muy preocupada, pero por otro lado me parece fascinante que por fin entendamos que estamos en un mundo incierto y que eso no quiere decir que la ciencia no sirva. La propia ciencia es incierta.

No estamos listos para la incertidumbre“. El País. 25/04/2020. Web.

Sí: la ciencia es incierta. La vida es incierta. Los resultados parecen cambiar casi que mes a mes: hace unos meses nos decían que las mascarillas o tapabocas no debían llevarse y ahora nos urgen a hacerlo; la OMS ha insistido desde el principio que el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) no se transmite por el aire, y a comienzos de este mes de julio numerosos científicos firman una carta pidiéndole reconsiderar su posición a la luz de nuevos estudios. Todo puede parecer muy confuso mientras sigamos imaginando la ciencia como una especie de “oráculo” que mágicamente descubre las verdades. Nada que ver. El camino del descubrimiento es tortuoso, difícil, lleno de ensayo y error, y por todo eso toma tiempo. Los mismísimos investigadores piden al público entender que los resultados pueden ir cambiando porque son preliminares, y lo son porque estamos ante un virus nuevo, además muy extraño por los síntomas que su enfermedad asociada (la covid-19) produce. Y entender algo nuevo toma tiempo.

Quizá ayude un poco clarificar de dónde nos viene esta imagen de la ciencia como una voz mágica que no tiene cuerpo pero no falla. Consideremos la forma como se transmite en los medios: uno siempre encuentra documentales, libros, notas de prensa que hablan de los éxitos científicos, ¿pero cuándo se ve siquiera un humilde libro que recoja sus fracasos? Los hubo, sí. Hay que hablar de eso. Pasa también en el terreno de la tecnología, tan íntimamente dependiente de la ciencia como lo es hoy en día. Thomas Edison decía que para lograr un filamento de bombilla que funcionara necesitó primero fabricar mil que fallaran. ¿No será entonces que por cada premio nobel de química o medicina tuvo que haber mil intentos fallidos? ¿O más? En fin, la imagen que nos hacemos de la ciencia a través de la divulgación científica en medios es profundamente sesgada: nos muestra el brillo de la victoria, no la larga y tortuosa trayectoria que condujo hasta ella; destaca los nombres de los victoriosos, pero calla los de todos los que no pudieron nunca saborear las mieles del éxito. Los artículos de prensa dicen “la ciencia descubrió esto o aquello”, como si fuera una omnisciente diosa y no el producto del esfuerzo de seres humanos de carne y hueso.

Esa imagen sesgada se empieza a cultivar desde la escuela, que hace mucho más daño aún. Es en la escuela donde el niño aprende a callar porque supuestamente “no sabe”, y por eso su rol es esperar a que en la clase expliquen la respuesta correcta. Así es como aprendemos matemáticas, biología, física, química. Nos acostumbran a que siempre hay una respuesta correcta y nuestra respuesta adecuada es escucharla, hacer ejercicios y repasar para el examen. Luego nos encontramos fundamentalmente con esa misma imagen de la ciencia en los medios. ¡Cómo no acabar pensando que la ciencia es casi que infalible, cómo no acabar adoptando la misma actitud hacia los científicos que teníamos hacia nuestros docentes!

La aparición de teorías conspiratorias se hace más favorable cuando esa ciega confianza en la institución científica se quiebra. La propagación de estas teorías acaba siendo el polo opuesto de la ciega confianza que aprendemos desde la primaria. Como desde la niñez nos acostumbraron a pensar que no estábamos en posición de cuestionar las respuestas que nos daban, nos inculcaron la idea de que no podíamos participar de la investigación científica. No hay entonces un espacio de mediación entre la ciencia y el público. El resultado es que el público se ve sometido a dos opciones: o acepta todo el conjunto de la ciencia, o lo rechaza todo por entero. La persona promedio no tiene un espacio intermedio que le permita aprender críticamente de los científicos sobre algún tema que le resulte relevante o simplemente interesante. Si eso pasara, la incertidumbre sería más fácil de manejar, pues uno sería consciente de ella y tendría herramientas. Sin herramienta ninguna y acostumbrado a la ilusión de la certeza, el individuo reaccionará a la incerteza con espanto, o al menos con desazón, y correrá a donde primero tenga otra vez esa sensación de seguridad inicial.

Así que no podría estar más de acuerdo con el doctor Mikhail “Mike” Varshavski, quien al final de uno de sus videos envía un mensaje a sus colegas. En ese video critica la “plandemic conspiracy” con contundencia pero sin tratar a sus seguidores o promotores como “idiotas” (una poderosa tentación, por demás):

Pienso que necesitamos mejorar nuestra divulgación de la ciencia y la manera como le hablamos a la gente. No debemos recurrir a los datos duros, al sarcasmo, o incluso a dar contenidos de baja a fin de silenciar este tipo de información. Dejen que se escuchen las opiniones discordantes, confróntenlas, corríjanlas y hagan pública la información médica exacta de manera que la gente pueda tomar decisiones por sí misma.

Doctor Fact-Checks PLANDEMIC Conspiracy“. Youtube, Doctor Mike, s.d. 36:44.

Los médicos, e igualmente los científicos, necesitan un poco de humildad a la hora de aproximarse a estas peliagudas controversias, dice él mismo. Tanto como el público necesita un poco de confianza en sí mismo, deberíamos añadir. Quizá uno y otro lado adviertan que en este camino de la vida estamos todos juntos, todos igualmente sometidos a la incertidumbre, pero también todos tenemos como seguir caminando. La luz eventualmente aparecerá si caminamos juntos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s